Así lo contaron: La llamada de la patria (Un hombre que quiso ir a Alemania)

En abril de 1934 se produjo un acontecimiento cinematográfico reseñable en Tenerife: artistas de la UFA, todopoderosa productora alemana, llegaban al Archipiélago para rodar una película. Entre aquellos artistas estaba Paul Wegener, gran actor y realizador, especialmente conocido por haber dirigido El golem (1920) y El estudiante de Praga (1913), ambas obras maestras del expresionismo alemán.

La UFA ya había filmado anteriormente en el archipiélago Si algún día das tu corazón (Johannes Guter, 1929), con lo que conocían el potencial de Canarias como escenario exótico y, años más tarde, volverían a aprovecharlo en obras como Los amotinados de Santa Cruz (Werner Klingler, 1935) o La habanera (1937), del gran Douglas Sirk.

 

1934: Llegada de la UFA a Tenerife

El 6 de abril de 1934 dos periódicos tinerfeños, Gaceta de Tenerife y La Prensa, publicaban sendas noticias informando de la llegada a la isla de un grupo de “artistas de cine” de la productora UFA. Gaceta de Tenerife publicó que “componen la compañía 35 artistas, de ambos sexos” y que la película llevaría por título Un hombre que quiere regresar ir a Alemania. Asimismo, en Gaceta de Tenerife se comentaba que el equipo de rodaje se hospedaría en el municipio del Puerto de la Cruz, cerrando la nota con la siguiente frase: “El equipaje consta de unos cien bultos”.

En La Prensa se publica una nota mucho más amplia que, además, incluye una entrevista con el actor Karl Ludwig Diehl, gracias a las labores de interpretación de Ernesto Groth, vicecónsul alemán y “del señor Rochstrasser, encargado de la sección de Turismo del Cabildo”.

Diehl comenta en la entrevista que “vamos a trabajar en una cinta de ambiente dramático. Algo de la Gran Guerra. Su título, traducido al español, es ‘Un hombre que quiso ir a Alemania’”. A la pregunta de si montarán decorados, el actor responde que “la mayoría se rodará al aire libre. Me han dicho que esta isla encierra maravillosos panoramas y que existe la facilidad, pocas veces lograda, de que junto a un paisaje agreste se encuentre la floresta y el jardín necesario”.

Las últimas preguntas hacen reflexionar a Karl Ludwig Diehl sobre el medio cinematográfico:

“–¿Cree usted que el cine sonoro anula al teatro de comedia y revista?

–Indudablemente. En Alemania ya se están notando los efectos. A mi entender el futuro en los espectáculos solo está reservado a la gran música y al cine.

–¿Y el cine en relieve?

–Esa es la meta. Pero tardará todavía…”.

Finalmente, el autor de la nota, que firma como L. F., cierra con un párrafo mordaz:

¡Qué desengaño! Los cineastas, ellos y ellas, son como las demás personas; hay quien salta ágilmente de la falúa y a quien se le resbala un pie. Las miradas lánguidas y los besos succionadores, de largo metraje, sólo ocurren en escena. En la calle: mujeres bonitas y elegantes y hombres simpáticos… Por algo se cree que si los dioses vinieran a la tierra dejarían de ser dioses”.

Por aquellas fechas se daba también una pequeña coincidencia: Mientras Wegener rodaba Un hombre que quiso ir a Alemania en Tenerife, los periódicos isleños anunciaban en sus páginas de ocio la presencia en cartelera de otra película en la que participaba el actor alemán: El gato negro, basada en el relato de Edgar Allan Poe, a la que la publicidad en los periódicos atribuían la cualidad de “terrorífica”. En realidad, El gato negro era un fragmento de los tres que se incluían en la película Cuentos extraordinarios (Richard Oswald, 1932), por lo que existe la duda de si la película fue proyectada al completo, habiéndola presentado por error como El gato negro, o si sólo se proyectó el fragmento basado en el relato de Poe.

Entre mayo y junio la noticia de la filmación de la película llegó a Madrid y periódicos capitalinos como Luz o La Nación reprodujeron una misma nota de prensa. Ambos titularon: “Toma de vistas al aire libre en Tenerife”. El comunicado decía: “Está en plena actividad el rodaje al aire libre de la nueva película de la UFA (…) La toma de vistas se lleva a cabo en Tenerife (Islas Canarias)”.

 

1936: Estreno de la película y ambiente bélico

En 1936 se estrena la película en España pero con una particularidad: el título con el que es distribuida en nuestro país es La llamada de la patria, título muy diferente al que se manejaba mientras era rodada. Podemos suponer que Un hombre que quiso ir a Alemania fue la traducción literal que los técnicos de la película dieron a los periodistas en Tenerife sin saber si acabaría llamándose así en su estreno en España. No obstante, el título original en alemán es Ein Mann will nach Deutschland, que, traducido al español, es una expresión muy similar a lo que los periódicos canarios publicaron en 1934.

Días antes del comienzo de la Guerra Civil Española, en periódicos tinerfeños como Gaceta de Tenerife o La Prensa, podía encontrarse publicidad del histórico Cine Numancia anunciando La llamada de la patria, de la que sólo decían que había sido filmada en Tenerife, sin hacer referencia a las noticias que habían escrito dos años antes sobre ella, tal vez por desconocimiento.

En Acción, publicación de Las Palmas editada en la imprenta del Obispado de Canarias, con un programaba que decía alinearse con los postulados fundamentales de la religión y de la patria, pudo leerse un anuncio del Royal Cinema que animaba a ver La llamada de la patria. Era 13 de agosto de 1936, con la Guerra Civil ya en marcha. El anuncio decía sobre la película: “Un film patriótico. Una película que nos enseña cómo debe quererse a la madre Patria. Una producción que debe ser vista por todos los amantes de una España grande y única”.

En el mismo ejemplar de Acción el protagonismo lo tienen las noticias relacionadas con la guerra, siempre del lado del bando nacional. Así, Acción titula en su portada: “Continúa el avance progresivo en todos los frentes”. En la misma portada, puede leerse una amenaza de Franco a la ciudad de Badajoz: “Hoy estáis aún a tiempo. Mañana será tarde”.

En aquella época empezaron a figurar listas en los periódicos de películas admisibles, que eran aquellas obras que, según la Iglesia Católica, respetaban la moral religiosa y, por tanto, podían ser vistas. La llamada de la patria aparecía en estas listas, como la que puede verse a continuación en el periódico barcelonés La Hormiga de Oro. En el mismo periódico, en una lista de películas admisibles del 23 de abril también figura Tiempos modernos (Charles Chaplin, 1936), no así en listas venideras.